Paternoster

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La oración del Señor

Padre Nuestro

La oración que Jesús enseñó, íntegra en cinco lenguas, con el sentido de cada petición y una manera de rezarla sin prisa.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Español · versión litúrgica actual

El Padre Nuestro es la única oración que Jesús enseñó con sus propias palabras. Aparece dos veces en los Evangelios: extensa en Mateo 6, 9-13, dentro del Sermón de la Montaña, y más breve en Lucas 11, 2-4, cuando un discípulo le pide que les enseñe a orar. De ahí su nombre antiguo: oratio dominica, la oración del Señor.

Son siete peticiones. Las tres primeras miran a Dios: su Nombre, su Reino, su voluntad. Las cuatro siguientes miran a quien reza: el pan, el perdón, la tentación, el mal. Ese orden no es casual. Tertuliano la llamó breviarium totius Evangelii, el resumen de todo el Evangelio, y santo Tomás de Aquino la tuvo por la más perfecta de las oraciones, porque en ella pedimos lo que debemos desear y en el orden en que debemos desearlo.

El Padre Nuestro en cinco lenguas

La misma oración ha cruzado veinte siglos en lenguas distintas. Rezarla en cada una no es un ejercicio de erudición: cambia lo que se siente al decirla. El arameo es la lengua materna de Jesús. El latín la llevó por Occidente durante mil quinientos años. El español la trae hasta hoy.

Pater NosterEn latín, con pronunciación verso a versoAwoon d'bashmayaEn arameo, la lengua de Jesús

En inglés

Our Father, who art in heaven, hallowed be thy name; thy kingdom come; thy will be done on earth as it is in heaven. Give us this day our daily bread; and forgive us our trespasses, as we forgive those who trespass against us; and lead us not into temptation, but deliver us from evil. Amen.

English · traditional

En italiano

Padre nostro, che sei nei cieli, sia santificato il tuo nome, venga il tuo regno, sia fatta la tua volontà, come in cielo così in terra. Dacci oggi il nostro pane quotidiano, e rimetti a noi i nostri debiti come anche noi li rimettiamo ai nostri debitori, e non abbandonarci alla tentazione, ma liberaci dal male. Amen.

Italiano · versione liturgica

Qué significa cada petición

Padre nuestro, que estás en el cielo. No empieza por una petición, sino por un nombre. Decir «Padre» antes de pedir nada cambia quién es uno frente a Dios. Y dice «nuestro», no «mío»: nadie reza esta oración solo, aunque la rece en silencio.

Santificado sea tu Nombre. No pedimos añadir santidad a Dios, que ya la tiene toda. Pedimos que su Nombre sea reconocido como santo en nosotros y por nosotros.

Venga a nosotros tu reino. La petición más audaz de la oración: que el modo de gobernar de Dios sustituya al nuestro, primero en el propio corazón.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Aquí se entrega el control. Es la frase que Jesús repetirá en Getsemaní, y la que más cuesta decir de verdad.

Danos hoy nuestro pan de cada día. Pan, no riqueza. Hoy, no para siempre. La oración pide lo necesario de una sola jornada, y devuelve a quien reza al tamaño real de su vida.

Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos. La única petición con condición. Es también la única que Jesús explica después de enseñarla, en los dos versículos que siguen en Mateo.

No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. En 2017 el papa Francisco señaló que «no nos dejes caer» traduce mejor el sentido que «no nos induzcas»: Dios no empuja a nadie a la tentación; se le pide que no nos suelte dentro de ella.


Cómo rezarlo despacio

La mayoría lo reza de memoria en veinte segundos. Dicho así, la memoria trabaja y el alma no. Hay una manera antigua de devolverle peso:

Primero, una frase por respiración. Decir una petición, callar, dejar que termine de sonar, y recién entonces seguir. La oración entera toma dos o tres minutos y se vuelve otra cosa.

Segundo, detenerse donde algo se resista. Si «hágase tu voluntad» cuesta, ahí está el trabajo de hoy. No hay que resolverlo: basta con quedarse ahí.

Tercero, escucharlo en vez de decirlo. Oír la oración en voz ajena, pausada, mientras las palabras se iluminan una a una, permite rezarla sin que la memoria se adelante.

Preguntas frecuentes

¿Cómo es el Padre Nuestro completo?

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

¿Dónde está el Padre Nuestro en la Biblia?

En dos lugares: Mateo 6, 9-13, dentro del Sermón de la Montaña, con las siete peticiones completas; y Lucas 11, 2-4, en una versión más breve, cuando un discípulo le pide a Jesús que les enseñe a orar.

¿Cuántas peticiones tiene el Padre Nuestro?

Siete. Las tres primeras se dirigen a Dios: su Nombre, su Reino y su voluntad. Las cuatro siguientes piden por quien reza: el pan de cada día, el perdón, no caer en la tentación y ser librado del mal.

¿Se dice «no nos dejes caer en la tentación» o «no nos induzcas»?

En el uso litúrgico actual en español se dice «no nos dejes caer en la tentación». En 2017 el papa Francisco explicó que esa forma traduce mejor el sentido original, porque Dios no induce a nadie a la tentación: lo que se le pide es que no nos suelte dentro de ella.

¿En qué lengua rezó Jesús el Padre Nuestro?

En arameo galileo, su lengua materna. El texto arameo más antiguo que conservamos es el de la Peshitta siria, que empieza Awoon d'bashmaya. Los Evangelios llegaron hasta nosotros en griego, y de ahí pasaron al latín y a las demás lenguas.

¿Por qué algunos añaden «porque tuyo es el reino»?

Esa doxología final no está en los manuscritos más antiguos de Mateo, pero es muy antigua: aparece ya en la Didaché, del siglo I, y se conserva en la liturgia oriental y en el uso protestante. En la misa católica se dice después, separada de la oración.

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